viernes, 5 de agosto de 2011

Elecciones - 10 de julio 2011 - Los Politicos

Cuanta agua ha pasado bajo el puente hasta llegar a la tan ansiada democracia. Los argentinos nos hemos visto imposibilitados de ejercer el derecho de votar y elegir autoridades durante largos años, pero gracias a Dios a partir de 1983 hemos comprendido que la democracia es el camino y la única forma de vivir en libertad.
El sufragio es el instrumento por el cual el pueblo manifiesta su voluntad de designar a las autoridades que lo gobernarán.
Es secreto y obligatorio para evitar cualquier tipo de presión - como sucedía en antaño - además de un deber moral, pero sobre todo un derecho.
Si bien es una carga pública, vaya un agradecimiento especial aquellos ciudadanos que componen las mesas electorales.

Un Presidente, que está asistido por auxiliares que sumados a los fiscales de diversos partidos políticos participantes de las elecciones, controlan la transparencia del acto y el recuento de votos.
El pasado 10 de julio ha sido un mes donde los Linierenses hemos vivido un día de fiesta y alegría ciudadana al concurrir a votar. Mucho me llamaron la atención las personas mayores muchas de ellas exentas de votar, que asistieron al cumpleaños ciudadano.
Si bien este acto es el fin de una campaña, los candidatos comienzan mucho antes a tratar de convencer a los ciudadanos de que su voto será respetado, cosa que rara vez se cumple. Aún así es la única manera conocida de convivir en libertad.
La historia de nuestro barrio ha tenido sus vaivenes en esto de recibir visitas de los candidatos, que en otra oportunidad nos ocuparemos, que casi siempre sucede cerca de las elecciones.
Pero hay cosas que disparan ideas y pensamientos.

No escribo casi nunca de la actualidad y menos sobre la política, pero esta vez algo disparó el siguiente comentario.
Hace unos días Miguel Del Sel, asombroso y casi ganador en Santa Fe, decía: “Yo vengo a arruinar el negocio a los políticos y no vengo a buscar fama ni dinero”.
A partir de estas lapidarias palabras, se me ocurrió hacer algunas cuentas sobre los candidatos involucrados en las elecciones en nuestra comuna.
Sobre 19 listas que se presentaron a las elecciones a cubrir cargos de Diputadas y Diputados de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, Candidatos a Miembros de la Junta Comunal de la Comuna Nº 9 y Candidatos a Jefe de Gobierno y Vicejefe de gobierno de la Ciudad autónoma de Buenos Aires, involucraban a 835 personas, distribuidas de la siguiente manera: 540 personas candidatos a Diputados Titulares, 141 personas a Diputados Suplentes, 91 personas como candidatos titulares a la comuna y 33 como candidatos suplentes a la comuna y 30 personas como candidatos para Jefe y Vicejefe de Gobierno, ah mas asesores, o sea barriletes de cola.
Sabemos y ya tenemos experiencia de la catástrofe que resulta una vida sin democracia, pero también sabemos de los negocios y manejos de la política, más allá de las peleas internas y hecatombes, que cada uno de los candidatos nos pontifica si no lo votamos.
Me puse a pensar que nosotros el pueblo, la gente común, no solo debe saber elegir, sino también vigilar a los que nos gobiernan, que por lo general siguen muchos de los que alguna vez la sociedad consideró aquello, de que se vallan todos.
Pensar el voto, mas allá de las peleas y más peleas que a diario los medios informan sobre casi todos candidatos, que coinciden con la falta de unión y una perspectiva de la clase política de pensar un país para los próximos 20 o 30 años, los lideres persuaden no obligan y piensan un país para el futuro.
A partir de ahora tendremos cerca a los miembros de la Junta Comunal, observemos entonces como se desenvuelven en el manejo de la cosa pública y estemos atentos al destino de los fondos que se les asignen.

viernes, 10 de junio de 2011

Tengo otra manera de ver la vida


OJOS QUE VEN, CORAZONES QUE SIENTEN


José Spivak nació una mañana de verano cuando un tibio sol apenas comenzaba a iluminar el pasaje Claudio Rosales al 500. Corría el mes de enero de 1918 y a metros de la hoy Plaza Sarmiento, un llanto tierno les quitaba el sueño a los vecinos remolones.


Queda claro que el protagonista de esta nota es un antiguo habitante de la por entonces incipiente villa de Liniers.Descendiente de ucranianos llegados a estos pagos en 1905, del matrimonio formado por Víctor Spivak y Cecilia Tumanovsky, hubo de saber de las vicisitudes que por entonces adolecía esta zona escondida en el lejano oeste porteño. Ambos fueron testigos presenciales de los primeros pasos que marcaran con fuerza los Talleres Ferroviarios de Liniers -inaugurados allá por el año 1914- la llegada del tranvía y, entre otras cosas, las inauguraciones de los cines Edison y Capitolio, y de la Galería Crédito Liniers.

La óptica que José inauguraría años después en el barrio, sería uno de los primeros comercios en adherirse al recordado Crédito Liniers, junto con el emblemático local de La Martona, que funcionara en Carhué a pocos metros de Rivadavia, ofreciendo su clásica leche con crema y vainillas.


Muchos vecinos con varios años en la zona, con solo mencionar su apellido recordarán esa óptica ubicada en Carhué 46, la primera especializada que se estableció en el barrio en el año 1943, que hacía gala de su tradicional mensaje "Spivak, su óptica de confianza". Aquel era además el membrete de las cartas que tradicionalmente en las fiestas y cumpleaños enviaba a todos sus clientes, y que retumbaba en la avenida Rivadavia, cuando en los famosos carnavales sonaba su auspicio por los altoparlantes.


Recibido de Óptico Técnico en 1942, don José Spivak se casó tres años más tarde con Dora Berenzon, también proveniente de una familia de ópticos residentes en Flores. De ese matrimonio nacieron al poco tiempo Gabriel, Noemí y Jorge.


Y con ellos, la tradición familiar siguió hasta nuestros días de la mano de sus dos hijos menores, Noemí y Jorge.


Es de destacar que toda la familia transcurrió su infancia y adolescencia en el barrio de Liniers. Recién casados, los Spivak se afincaron en los fondos del local de la óptica de Carhué, donde nació su primogénito Gabriel, luego se trasladaron a Madero al 100, en donde recibieron a Noemí y a Jorge, para luego reinstalarse en Cuzco al 100, a metros del Santuario de San Cayetano.


En esa casa se produjo el fallecimiento de don José en el año 1983, y desde entonces Noemí y Jorge permanecen al frente de la óptica que a principios de 1972, se trasladó a su actual local de Cosquín 16.


Muchos de los vecinos aún recuerdan a dos personajes que colaboraban en la óptica con mucho cariño y esmero, pues para entonces la empresa ya se había convertido en una verdadera familia. Uno de ellos fue don Vicente Tallarico, que siendo repartidor de diarios, don José lo contrató originalmente para una suplencia y luego de un tiempo se aquerenció en el local, así que estudió para Óptico técnico, atendiendo a los clientes hasta su fallecimiento en 1980; y la otra es Elba Sardi, que trabajó en Spivak durante 40 años y es el día de hoy que, a sus 86 primaveras, cada tanto visita la óptica y debido a su genio opina y orienta muchas veces a los clientes.


Hemos transitado en estas líneas el recuerdo y el sentido homenaje a una familia de profesionales y comerciantes que ha vivido y aun perdura en el recuerdo de muchos linierenses, la misma que con su tarea e impronta diaria, colaborara con el crecimiento del barrio del cual ya es una marca registrada.





Fotos: 1): José Spivak, en su escritorio en el año 1950 – 2): Elba Sardi, con su hijo Alejandro y Su esposo José Rodolfo, año 1963.3): Souvenir que entregaban a los clientes especialmente los días de mucho calor.

miércoles, 1 de junio de 2011

Presente y Pasado del Transporte

Prestaba atención los comentarios de los medios y de los usuarios del futuro Metrobús, que iniciará su itinerario en la Avda Gral. Paz – Liniers - pasando por el Club Vélez Sársfield, el barrio Kennedy, hasta llegar a Palermo y viceversa.
Pensaba sobre como bautizarán a esos inmensos colectivos con fuelle, que competirán con el imaginario de la gente con los actuales colectivos, tranvías, subtes y aquellos trolebuses que alguna vez nos transportaron a los porteños.
Pese a los trastornos que hoy tienen que soportar los automovilistas, pareciera que las más de 80 cámaras de seguridad que vigilarán el recorrido de las 21 estaciones habilitadas y los carteles electrónicos que informarán a los pasajeros sobre tiempo, distancia y demoras, sin duda que producirá un adelanto y mejora a las usuarios que viajarán desde el centro a la zona oeste y viceversa.
Mas allá que saludar al nuevo adelanto que con una velocidad de 24 kilómetros por hora cursará el suelo de esta Capital Federal, veremos cual será el costo, la eficiencia y futuro de este medio de locomoción.
Comparaba esta noticia con la llegada del tranvía a Liniers, 100 años antes. Un domingo 26 de junio de 1911 de la mano de la Compañía Anglo Argentina cuando extendió el ramal de la Línea Nº 2, recorriendo el trayecto desde Plazo de Mayo, enfilando hacia el oeste desde Avda. La Plata hacia Liniers. El costo del viaje de ida y vuelta se hacía por 0,05 centavos y la imaginación popular lo bautizó por ser el transporte obrero, como la “Cucaracha” o el “Bondi.”
Su arribo a Liniers fue muy festejado ya que el barrio había sido engalanado con banderas argentinas siendo recibido los integrantes de ese primer viaje por delegados de instituciones de la zona, delegaciones escolares y gran número de vecinos.
El segundo tranvía que llegó a Liniers fue el Nº 1, salía de la calle Lacarra y era complementario del subte que a la altura de Primera Junta salía del túnel y terminaba en Lacarra, con posterioridad el servicio es prestado por la línea Nº 1 directamente entre Primera Junta a Liniers.
En la Terminal de Liniers giraban a la izquierda, rodeando de la que fuera la quinta “La Gironda” y retornaban por la avenida Rivadavia, pues solo se contaba con una vía para dar la vuelta.
Viejos vecinos recuerdan el papelón o anécdota cuando los coches de los tranvías no pasaban por debajo del puente, cosa que aparentemente recién se dieron cuenta con la llegada del primer viaje y tuvieron que implementar una vía alternativa para retomar su viaje de regreso a aquellos tranvías de doble piso.
Recordemos que por esa época las manos del tránsito eran inversas a las actuales, desde Lacarra a Liniers, los tranvías corrían por un cantero central en calle Rivadavia, éste cantero fue levantado en el año 1943 y en su reemplazo se construyeron refugios para seguridad de los peatones en los cuales se debían ascender y descender y en algunas esquinas, como en la de Rivadavia y Carhué se construyó uno de cada lado.
Debajo de muchas calles asfaltadas quedaron aquellos viejos adoquines, muchos salidos de la Isla Martín García, que esconden el pasado, ahora veremos sobre los nuevos pavimentos cual será el futuro de este nuevo transporte y si el servicio anunciado será respetado, si los costos para los usuarios serán razonables y si los habitantes de la ciudad lo cuidarán para beneficio de todos.

Estas fotos corresponden a la esquina de Avda. Rivadavia y Montiel en el año 1930. Se puede apreciar el refugio central del que hablamos y la mano de los coches en sentido inverso al actual, el folleto se corresponde al aviso que la empresa distribuyo en el barrio.



miércoles, 18 de mayo de 2011

LOS OLMI, DE PURA CEPA LINIERENSES

Caminando las veredas del barrio es posible encontrar detrás de cada puerta, historias y vivencias de vecinos que merecen ser contadas, pues son ellos quienes supieron acompañar codo a codo crecimiento del barrio.
En esta oportunidad nos adentramos en la historia de una familia originaria de Liniers. “Los Olmi”.
En su seno, la figura de Norma resulta una personalidad a destacar. Nació en la casa de la hoy Lisandro de La Torre ( ex Tellier) al 600, hija del matrimonio conformado por Juan Olmi y Maria Teresa Rame.
La partera que ayudó a su nacimiento, fue Clara Beccari, - abuela de la esposa de Miguel Mateo – Graciela Beccari, allá por los años 40, cuando gobernaba Roberto Marcelino Ortiz, vivienda donde aun hoy vive.
Eran épocas de calles de tierra cuando desde su casa solo se podía ver la Gral. Paz sino hasta se alcanzaba a otear a lo lejos el paso del Tranvía y del Ferrocarril.
Norma curso la primaria en el hoy Colegio Republica de Corea y la secundaria en la Escuela Profesional Femenina N 8 de la calle “Lacarra y Alberdi”
Inicio su actividad profesional como Celadora en la escuela Nacional de Comercio de Morón, y desde el año 1979 hasta el año 2007, su actividad se desarrollo en el “Instituto Nuestra Sra. De las Nieves”, de ahí la trascendencia de su figura que ha calado tan hondo en buena parte de la juventud de entonces. De aquellos años surge inevitablemente el recuerdo de un incansable hacedor de esa entidad, como lo fue el Párroco Jorge Yiguerimian, encargado de la notable expanción edilicia del Instituto, hoy a cargo del Padre Juan Torrilla que desde entonces lo ha colocado a la vanguardia de los establecimientos educativos privados de la ciudad. En alguna oportunidad nos ocupamos del padre de Norma Juan Olmi, nota que publicamos hace unos años, y desde entonces le debíamos este reconocimiento no solo a Norma, sino también a su Madre Doña Maria Teresa – Porota – para su familiares y vecinos que aun a sus 93 años sigue transitando por nuestras calles.
Porota nació en Carhue entre Cossio y Patrón, - vecina del tambo que estaba contiguo - y los recuerdos de aquel Liniers los tiene tan frescos que parecen no haberse tamizado por los pasos del tiempo. La casa de su infancia, las vivencias de su barrio y hasta el instante que conoció a su esposo para luego afincarse juntos y formar una familia en su actual morada de Lisandro de la Torre parece proyectarsele como una película. Los recuerdos de Porota a sus actuales 93 años son intensos. Se suman los 64 años de haber compartido su vida junto a Juan Olmi su esposo que falleció en el marzo del 1993, las calles que caminó, las épocas sin Las mil casitas o para otros las casas Baratas, el paso de las tropillas de ganado hacia el Matadero, El lechero que en algunas oportunidades las ordeñaba en su puerta, la quinta de los Capurro que comprendía desde Lisandro de la Torre hasta Gral. Paz y por Humaitá hacia Rivadavia, lugar donde su Padre – Juan – antes de tener un puesto de verduras en el mercado de Liniers de Frutas y Hortalizas había trabajado en la quinta y a sus vecinos Jacinto y Leandro Battilana.
Recuerdos y añoranzas del pasado se acomodan sobre la mesa, que junto a una vajilla de época, nos ofrece un café que nos acompaño como testigo.
Antes de retirarme observé en sus ojos la mirada de un pasado cargado de nostalgias y vivencias pero con la paz de haber recorrido un camino del brazo a sus afectos y con el insustituible paisaje del barrio, el mismo que la vio nacer.


EN LAS FOTOS AL CUMPLIR SUS 90 AÑOS LA ACOMPAÑA NORMA SU HIJA Y GRACIELA SU SOBRINA NIETA.

jueves, 3 de marzo de 2011

Las Alas del Tiempo

El lugar Piedimonte Etneo, un pueblito de muy pocos habitantes la mayoría dedicados a la agricultura, la crianza de ovejas y ganado, orillando el Monte Etneo, en la provincia de Catania, Sicilia. Allí comenzó esta historia, hace dos siglos.
Insuficientes sitios eran fértiles para las necesidades de los habitantes, aún así nada permanecía sin utilizarse, además el pié del norte con su poder económico hacia de las suyas.
Campos mezclados entre las montañas eran el espacio para el pastoreo de los animales, las plantaciones de los olivos, naranjos, limones y de todo aquello que la tierra podía ofrecer.
Un acompañante famoso y visitante no deseado, cada tanto hacía de lo suyo. Las erupciones del Etna, era la preocupación de todos.
Las casas construidas según las concepciones sureñas, sus tejas de color terracota rosado y la cantidad de habitaciones, eran la carta de presentación sobre la situación económica de cada familia.
Un día caluroso de pleno verano, el Siroco, pegaba con furia. Los familiares esperaban en una habitación contigua, la llegada de una nueva habitante al pueblo.
Si bien Alfia, la madre, había parido tres hijos, este parto era muy diferente pues la matrona que la había atendido en los otros alumbramientos, era vieja y pese a su experiencia ya no tenía esa impronta para atender un parto delicado.
La palmada y el llanto fueron la presentación, nacía el 12 de agosto de 1884 Antonina.
Su tez blanca, su cara redonda como la luna llena, sus cabellos lacios renegridos, potenciaban los ojos del color miel.
La situación económica del matrimonio era para la época buena. Don Cavallaro, su padre era un hombre dedicado al campo y los negocios.
Poseía una chacra donde además de cosechar verduras y frutas de estación, tenía unas vacas y ovejas, comercializando la leche y los quesos de excelente calidad, en la ciudad vecina, Catania.
Las usanzas de la época, el apego a los sentimientos de antaño y el sabor de las tradiciones para el matrimonio eran un culto, al igual que el dialecto y así se los transmitían a sus hijos.
No extrañó que con apenas ocho meses Antonina bautizada en la Iglesia de San Ignazio.
La vida familiar transitaba sin mayores inconvenientes. Los hijos concurrían al colegio, los varones en sus tiempos libres colaboraban con las tareas de Don Cavallaro y las mujeres ayudaban a su madre con las labores de la casa, completando su educación con el aprendizaje de la costura.
Pasaban así los años sin mayores novedades. Salvo un par de erupciones del Etna, que había traído inconvenientes en las cosechas de olivos y trastornos respiratorios a las habitantes del pueblo.
A unos cincuenta minutos caminando en medio de la montaña, vivían Don Ventura y Carmela. Del matrimonio una tarde del 15 de noviembre del año 1882, nació Salvatore.
Don Ventura trabajaba en el campo, cuidando y dándole de pastar a los rebaños en las montañas.
La situación económica era muy ajustada, es así que siendo aún un niño, Salvatore, hubo de ayudar a su padre en las tareas rurales.
Cada domingo Antonina y Salvatore, concurrían a la misma ceremonia religiosa y por esas cosas del destino, su ubicación era siempre la misma, el sexto banco de la izquierda del altar.
Debido a ello nació un especial conocimiento.
… Un domingo, al finalizar la misa, Salvatore le pidió acompañarla un par de cuadras y en una esquina mirando el Etna le manifestó su sentimiento, se había enamorado.
Ella con el rubor propio de la adolescencia, no le contesto y luego de saludarlo a la distancia se retiro.
Si bien ambos no comentaron nada a nadie, esa semana fue muy especial. Cada uno esperaba el domingo con angustia principalmente Salvatore, pues ansiaba la contestación, que no se hizo esperar, Antonina aceptó el convite.
Al enterarse los padres, Antonina fue castigada. Únicamente podría salir de su casa si era acompañada por alguno de ellos.
Las diferencias sociales de ambas familias empezaban a hacer lo suyo, aun así con el paso del tiempo y la verdad de los sentimientos la relación culminaría en un romance.
Salvatore era un joven apuesto, fuerte, soñador, trabajador y ambos estaban enamorados.
Los padres de Antonina ponían distancias y obstáculos a la relación, pero pese a ello, ambos se las ingeniaban para verse.
Algunas veces a la distancia, en otras ocasiones gracias a los oficios de una buena amiga de Antonina, que con alguna excusa e imaginación intercedía para que se pudieran encontrar.
Un día decidieron casarse y Antonina se lo comunicó a su padre, éste se opuso terminantemente, así y gracias a la intervención, de Doña Alfia, lograron su objetivo.
La ceremonia se llevo a cabo en la Iglesia de San Ignazio, lugar donde ambos fueron bautizados y en donde se conocieron.
Del matrimonio nacieron Alfia, Carmela, Salvador, Ignazio, José y Rosa.
Las necesidades eran muchísimas y los padres de Antonina para nada ayudaban.
Antonina aprovechaba lo que había aprendido y en una máquina de coser confeccionaba ropa, y Salvatore caminaba las pasturas como peón de campo.
La guerra, una gran erupción del Etna y una de las peores sequías, castigaron a los habitantes del pueblo.
Es así que con la fuerza que da la juventud y las necesidades decidieron emigrar.
Bien sabían que el suelo que iban a dejar, aquel que amarra los sentimientos, ese suelo que da el ser y modela la identidad, quedaría atrás.
Así dejaron el lugar de su infancia aquel que pobló sus sueños, pero fueron buscando un espacio que le permitiera vivir con dignidad y alumbrar la esperanza de hacer volar sus sueños. Serían pues los artífices de su propio destino.
Empacaron sus pocas pertenencias y junto a sus hijos, tomaron una mañana el tren hasta Génova.
En el buque Valdivia, un 15 de marzo del año 1921 partieron al por entonces llamado, granero del mundo, Argentina, arribando el 5 de abril, a la Ciudad de Buenos Aires.
Luego de la revisión médica de rigor fueron aceptados y alojados por espacio de un mes en el Hotel de los Emigrantes.
Allí aprendieron unas pocas palabras en español y algunas costumbres e historia de su nuevo país.
Al finalizar su estancia en el hotel, la familia se radicó en un pueblo rural a unos 100 kilómetros de la capital, “San Andrés de Giles”.
Gracias a un primo que se había instalado allí, Salvatore consiguió trabajo como peón de una estancia debido a sus condiciones y experiencia en las tareas rurales.
Ya otro sol los acariciaba y por las noches esa luna que los había enamorado, se veía diferente.
En la nueva tierra, Salvatore, siguió cultivando el suelo y trasmitiendo esa cultura que se hereda,… “el trabajo”.
A medida que transcurrían los días se intercalaban y se entrelazaban con las costumbres y los habitantes de éstas tierras, mientras que Antonina ayudaba reparando la ropa a la familia, los vecinos y los dueños del campo.
La casa que habitaban era modesta. Paredes de adobe, techos de paja, piso de tierra, una cocina a leña, un aljibe y un baño situado a unos metros de la casa resultó su nuevo hogar.
Al poco tiempo pudo comprar una chacra, seguía siendo un campesino, pero ahora la tierra negra y fértil que transpiraba era propia.
Habían pasado apenas cuatro años cuando Antonina, enfermó y pese a recibir los cuidados necesarios, al poco tiempo falleció.
No fue fácil la vida para ninguno. Alfia la hija mayor ofició de madre cuidando a sus hermanos, mientras su padre Don Salvatore trabajaba en las tareas del campo. Eran épocas difíciles, pero habitaban en paz y tenían que comer.
Son insondables, las vueltas de la vida. Habían perdido a la persona que los niños más necesitaban la que fue reemplazada por otra mujer de la misma sangre y con el mismo nombre de su abuela “Alfia”.
Entre necesidades, falta de educación y duro trabajo fueron pasando su existencia.
Transcurrieron los años y cada uno comenzó a transitar por el camino de la vida, creando su propia familia y consolidando su destino.
Pero pareciera que el destino y las circunstancias a algunas personas les tienen asignado un rol especial. Alfia se caso y de su matrimonio nacieron dos hijas, Enriqueta y Silvia.
Pasaron los años y Alfia la única por entonces viva, enfermó.
Como ninguno de ellos pudo regresar a su tierra, una tarde sobre el fin de la primavera, viendo caer la lluvia desde la ventana de su habitación, sabiendo sobre su próximo destino, Alfia decidió que antes de morir, debía volver al lugar donde se había iniciado esta historia y que sus hijas Enriqueta y Giuliana, la acompañaran.
Rápidamente pusieron manos a la obra y un domingo 20 de diciembre partieron rumbo al terruño que la había visto nacer.
Así llegaron luego de unas horas de vuelo a su pueblo natal. Que diferencia, pensaba Alfia, con aquel tedioso viaje que los trajo a estas tierras.
Cuantos años habían pasado desde aquella lejana partida. Que pocos cambios lucia el pueblo, solo advirtió en él, las arrugas del paso del tiempo, como esperando las caricias del regreso de sus hijos. La emoción la embargó al llegar frente al número 44 de Vía Borgo.
La puerta que la recibía era la misma que la despidió al partir y que ella bien la recordaba. Además el olor a los recuerdos, le produjo esa sensación del volver al pasado.
Cuantos años habían transcurrido sin cruzar esa puerta y ahora estando allí, no sabía con lo que se encontraría, quienes serían sus moradores y si le permitirían llegarse a lo que había sido su pesebre.
Pasado ese momento de estupor, al golpear esa puerta de recuerdos, una señora con un pañuelo oscuro en su pelo, un vestido hasta los tobillos y con unos zapatos enterizos negros, abrió el dintel del pasado.
Luego de darse a conocer, le permitió ingresar. Sentado en un sillón de mimbre, el esposo recordó que al comprar la casa los antiguos moradores, le habían dejado un paquete.
Con sus manos temblorosas y con mucho cuidado desató el moño de color rosado que sostenía a un ajado y pajizo papel que en su interior contenía unas fotos amarillentas de sus hermanos y padres con la impronta de la partida y un diario íntimo y personal de su abuela Alfia, en cuya primera hoja había escrito: “No se quién será el duende que me recogerá, solo se que será alguien que alguna vez partió de ésta casa en busca de su propio destino. En estas hojas están los sentimientos del tiempo que no pudimos compartir. Lo que sigue es la historia de nuestra familia, que también es la tuya”. Repasó con la mirada la biblioteca que bien recordaba, observó las mejillas húmedas de sus hijas emocionadas, y de reojo miró el almanaque que en un estante lucía y entonces comprendió el milagro. Era un 24 de diciembre, “Ese fue su mejor regalo de Navidad”.

viernes, 14 de enero de 2011

NACIO JUAN CRUZ



La primera alegría llegó a la familia. El primogénito. El 8 de Enero de 2009, nació Juan Cruz.
Caminaba por el barrio con una sonrisa permanente, demostrando lo feliz que me han hecho, Anabella y Carlos.
Todos los que fueron abuelos me comentaban como me iba a cambiar la vida, y en verdad mucho no les creía. Pero ahora debo decir que sí, que me cambió la vida, y me da mucha alegría.
Llegó con toda felicidad, y ni que contar la alegría de padres y abuelos. Gracias Chicos, por tanta felicidad. El pasado 8 de enero cumplió 2 años, así que nos regaló su amplia sonrisa, y ese hola elo, que tanto esperaba y que me hace refeliz.

Nació Malena

Una alegría más, El pasado 14 de agosto de 2010, nació mi segundo Nieto.
Una dulce total. La segunda de la descendencia de Anabella y Carlos.
Llegó con toda felicidad, y ni que contar la alegría de padres y abuelos. Bienvenida MALENA.
Ahora su hermano Juan Cruz, tiene compañía. Estamos todos más que felices. Gracias Chicos, por tanta felicidad.